Entré en el salón y todo el mundo se empezó a reír.
-¿Qué pasa? ¿Tengo monos en la cara?
Harry me enseño una foto del móvil yo me avergoncé y me
encerré en mi habitación.
Era una foto mía en la que estaba en los brazos de Liam
mientras dormíamos. No salí hasta que no escuche ningún ruido, entonces pegué
el oído a la puerta y escuché un portazo, pensé que habrían desayunado y se
fueron a dar una vuelta. Abrí la puerta, fui a la cocina cogí mi taza y me
preparé mi colacao de todas las mañanas. Cogí la taza y me fui al salón y allí
estaba Liam, sentado en el sofá entonces me di la vuelta para volver a
encerrarme en mi habitación pero el fue más rápido y se puso delante mía.
-Déjame pasar por favor.- le dije muy tensa.
-No es culpa mía que echaran esa foto
-Pero si es culpa tuya acostarte en mi cama.
-Perdóname.
Lo miré y me dí cuenta que me estaba enamorando de él, pero
yo no quería, porque ¿que pasaría después de esos 6 meses? Que me iría a España
y cada uno por su lado e iba a ser mucho daño para mí:
-Te perdono- le sonreí y me senté en el sofá.
Él sonrió y se sentó a mi lado, mirando como me terminaba mi
colacao, me levanté a llevarla al fregadero y volví al sofá.
-¿Sabes? Me alegro de estar embobado en mis pensamientos.
-¿Por?
-Porque si no no te hubiera conocido
Quería besarlo pero no podía, así que me limité a sonreírle.
-¿Dónde han ido los demás?
- Creo que han ido al London Eye
-Vamos a buscarlos
Estaba bastante lejos, así que cogimos un autobús que estaba
lleno y nos tuvimos que poner de pie, mientras estábamos estrujados entre un
montón de gente pegados el uno al otro. Yo miraba hacia abajo para evitar su
mirada. Llegamos al London Eye pero no había rastro de ellos.
-¿Qué hacemos ahora?
-Pues vamos a montarnos, ya que hemos venido hasta aquí.
-Vale.
Esperamos la cola del London Eye cuando nos tocó nuestro
turno iba a pagar cuando Liam sacó el dinero de los 2. Yo no quería así que
estuvimos un tiempo ‘‘discutiendo’’para que cogiera el dinero pero no sirvió
para nada. Subimos a la cabina, empezó a subir y me acerqué al cristal.
-Las vistas son preciosas- dije boquiabierta
-Si, la verdad es que sí- se puso detrás mía, tan cerca, que
podía escuchar su respiración.

No hay comentarios:
Publicar un comentario