Subí al apartamento más feliz que una perdiz y terminé de
deshacer las maletas; cuando terminé eran las 1 de las madrugada. Me puse el
pijama y me fui a la cama.
No dormí en toda la noche, pues soy muy miedica y no me
gusta estar sola. A la hora de estar en la cama sin pegar ojo encendí el
portátil y empecé a fabricar un cartel para buscar compañeras de piso. A parte
de hacerme compañía me ayudarían a pagar el alquiler así que perfecto. Trabajé
toda la noche en el cartel. No había dormido nada pero aún así me vestí cogí
unos shorts y una camiseta que ponía I love London. Metí el cartel en el
pendrive y busqué una papelería para imprimir unos cuantos, para pegarlos en las
farolas de Londres.
En el cartel ponía todos los requisitos que pedía en una
chica para que fuera mi compañera y mi número.
A los dos días me llamó una muchacha de mi edad que se
llamaba María, era de España, pero a los 12 años, los padres se mudaron a
Londres por temas de trabajo.
Al día siguiente me llamaron otra vez, esta vez se trataba
de una tal Sumaya que era de Londres, pero sabía hablar español porque tenía
familia en España.
Quedé con ellas en el apartamento para que lo vieran y me
dijeran que harían, pero solo fue entrar y dijeron:
-
¡Nos quedamos!
Me puse loca de contenta y las ayude a subir las maletas y a
deshacerlas. Una vez instaladas vi como María sacaba un póster de su maleta
cuando me acerque para mirarlo no podía creérmelo: ¡ERA DE ONE DIRECTION!
-
¿ERES DIRECTIONER?
-
Si, ¿te gustan?
-
¿QUE SI ME GUSTAN? SON MI VIDA
Con tanto alboroto Sumaya vino a ver lo que pasaba:
-
¿Qué pasa?
-
SOMOS DIRECTIONERS- contestamos las dos muy contentas.
-
¿EN SERIO? ¡YO TAMBIÉN!
Empezamos a gritar como locas, hasta que la vecina de arriba
dio unos zapatazos en el suelo para decirnos que nos calláramos. Hablamos de
ellos día y noche:
-
¿Os imagináis que los encontráramos por las calles a
los chicos?- dijo María con un brillo en los ojos.
Entonces yo me acordé de que días antes estuve hablando con
el mismísimo Liam Payne, pero decidí no contárselo para que no se hicieran
ilusiones, total, ¿por qué me iba a llamar? Si puede tener todas las chicas que
quiera, a saber a cuantas le pidió su número y yo se lo dí como una imbécil. Si
lo volvía a ver tenía claro de que no iba a ser tan tonta, me lo prometí a mi
misma.
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